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Diario de una premamá (15)

lunes, julio 21, 2014

MIMOS


No creo que me pueda quejar. Desde que la tripa se nota a simple vista parece que el mundo es más amable conmigo. La gente me sonríe cuando me ve la panza, y los camareros se desviven para que mis comandas salgan perfectas.  Y eso que no me gusta tomar nada fuera de casa porque desde que he empezado a ver el programa de televisión “Pesadilla en la Cocina” pongo en tela de juicio la limpieza e integridad de cualquier establecimiento.

Concretamente una tarde, mientras dejo el coche en el taller decido tomarme algo en un bar cercano. Veo una máquina de hacer zumos naturales. “Ummm… me apetece tanto”. Pido uno al camarero y ante mi sorpresa se queda parado completamente. Me dice que tiene la máquina estropeada pero que si no me importa esperar me lo hace a mano.  Le digo que no tengo prisa.


Unos veinte minutos más tarde, cuando ya pienso que se ha olvidado de mi o que se ha ido  a Valencia a recoger  las naranjas, me trae el zumo recién exprimido y una macromagdalena en compensación por la tardanza. “Te traigo esto por si lo puedes tomar…porque… ejem, porque …. ¿estás embarazada, verdad?” Me hace gracia los nervios  que le han entrado al chaval de repente. “Sí” le digo tranquilizadora y me acerca la magdalena con una amplia sonrisa. Pago la consumición y el chaval me despide muy amablemente deseándome suerte.

Decido entonces pasar por una tienda deportiva para hacer tiempo hasta que me devuelvan el coche. Me meto en la sección de natación (ya que he leído que este deporte es idóneo en los últimos meses del embarazo) y empiezo a contemplar los bikinis de esta temporada. Tras un buen rato me percato de la realidad y empiezo a buscar algo acorde a mis dimensiones actuales y futuras.

 Un tanto perdida acudo a una dependienta y pregunto si tienen algo de premamá. Me lleva a un rincón y me enseña los dos modelos disponibles. Me aconseja elegir concretamente el más barato, porque pese a ser menos “mono” se va a adaptar mejor al crecimiento de la tripa. Bromeo con ella diciendo que la estética es lo de menos, que acepto que no voy a estar atractiva en unos cuantos meses.  Me regaña diciéndome que no me queje y que estoy fabulosa para estar de más cinco meses. La chica me  busca las dos tallas que me pueden ir mejor y me señala dónde están los probadores. Me pruebo ambos y decido apuntarme ese bañador en la lista de “cosas que pedir para mi cumple”.



Mientras salgo del establecimiento muy contenta con el hallazgo y por qué no decirlo, por los halagos de la joven, pienso que el  trabajo de una dependienta es justamente ése: vender, aunque sea de forma diferida, como es mi caso. Sin embargo, al pasar los días, empiezo a pensar que las dependientas se vuelven más sinceras cuando hablan con una embarazada (salvo las que están especializadas en productos de bebés como las que te venden carritos.  A ésas parece que las ha entrenado Al Qaeda en técnicas de ventas).

 Llego a esta conclusión cuando Jota me lleva a comprarme unos leggins a una tienda de ropa normal. Ante tanto producto en el que no puedo ni entrar, vuelvo a acudir a una dependienta para preguntarle por los productos de premamá. La chica me señala un par de pantalones y la zona de los leggins. Sin embargo, antes de marcharse se acerca a mi oreja y me susurra: “Yo que tú me iba a mirar a la tienda de la esquina, tienen mucha más variedad, mejor calidad y a muy buen precio”. Me sonríe y huye por el pasillo.


Cuando tenga a Lentejita, echaré de menos esos arrebatos de valentía y sinceridad.

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4 Comentarios sobre el post

  1. Jajaja es verdaaaaaaaaad!!!! Ahora que lo dices caigo que cuando estaba embarazada todo el mundo era más amable conmigo, hasta el conductor del bus! Y lo de las dependientas muy cierto, a mi me pasó con los sujetadores de lactancia que me dijo donde comprarlos a mejor precio.

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    1. Jejejejeje, qué bueno! Si es que tienen que mimarnos! Besos!

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  2. Ay cómo pasa el tiempo y cómo me recuerda mi embarazo, en nada lo tienes en brazos!

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    1. El tiempo...ufffff, volando, cómo lo sabes. El 22 de Agosto mi hermanita (la autora) sale de cuentas...ay! Que no queda nada para verle la carita!

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