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Por qué NO etiquetar a los niños

miércoles, mayo 04, 2016

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- ¿Ya te has vuelto a dejar los deberes y la agenda en clase? ¡Eres un desastre y una irresponsable!
- ¡Ya has roto el cochecito! ¡Manazas!
- ¿Ya le has quitado el oso a tu hermano? ¡Malo! ¡Eres M-A-L-O!

Cualquiera de estas frases perfectamente pueden haber salido de mi boca en un momento de desesperación. Entre la falta de sueño, el estrés del trabajo, los nervios generados por los gritos de la jauría que tienes como hijos, un momento de debilidad… Y explotas, de repente.

Ahora bien, la niña comienza a dejarse la agenda no un día, sino dos, tres, cuatro, y sistemáticamente la palabra “desastre” e “irresponsable” salen de mi boca con bastante frecuencia, hasta que un día me contesta “Mami, hoy me he dejado la tarea en clase, si es que soy un desastre”.
Y ya está, interiorizado. Ella ya cree que es un desastre y dejarse la tarea sí, le puede agobiar en un primer momento pero después, ¿qué puede hacer? Es un desastre y como tal va a actuar por más que se empeñe en “hacerlo bien”.

Esto, señores, se conoce como la acción y efecto de ETIQUETAR.


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R. Rosenthal ideó en los años 60 un experimento en el que informó a varios maestros de que había identificado a un 20% de niños como más dotados intelectualmente que el resto. Los profesores se dedicaron a estimular más a este porcentaje y, a final de curso, se comprobó que habían mejorado su rendimiento. La realidad es que este grupo había sido elegido al azar.
Una Profecía Autocumplida. Se esperaba algo de ellos y actuaron conforme a esas expectativas.
Pues las etiquetas van muy en esta línea.

Etiquetar per se no es malo. El problema viene cuando se convierte en la manera de categorizar a una persona por una característica y tenemos que recordar que eso es simplificar demasiado. Cuando el componente de frecuencia es considerable.
Con las etiquetas negativas, se puede acabar minando la autoestima de los niños que aprenden a dejar de esforzarse, a dejar de motivarse, a perder el control…a realizar o dejar de realizar todo aquello que, mediante una desafortunada etiqueta, les hemos inducido a creer que les definen.

En el desarrollo infantil el trato que los padres profesamos influye enormemente, pero también las expectativas que demostramos tener, nuestros pensamientos acerca de ellos, nuestras percepciones. Y ellos tienden a reaccionar conforme a esas creencias. Si lo que verbalizamos es una etiqueta, si lo que hacemos es categorizarlos de manera negativa, ¿qué podemos esperar?

Hay que incidir en que las etiquetas pueden ser también positivas, y ¡ojo! con el uso de las mismas. Insistir en que tu niño es “el más listo”, “es un artista” o “lo hace todo bien” generará una serie de expectativas de todo menos realistas que, al mínimo fracaso podrán derivar en una frustración brutal, y por partida doble.
No hemos de confundir refuerzo con etiqueta. Cada vez que logren, consigan, alcancen, superen, hemos de decirles lo bien que lo han hecho, lo mucho que se han esforzado, cómo sí han sido capaces de llevarlo a cabo. Hemos de dar un refuerzo positivo, que no os imagináis lo que lo agradecen. Otra cosa bien distinta es que, porque te han dibujado un paisaje bastante apañado decirle que, como poco, van a ser el próximo Rembrandt de la familia. No es lo mismo.

El tema de las etiquetas se ha ido enquistando cada vez más, de manera que cada vez más se van remitiendo informes a orientadores y psicólogos por parte de los tutores con muchos, muchísimos “problemas de aprendizaje” y con muchas, muchísimas etiquetas, generando diagnósticos a cascoporro. Niños con TDAH, con Trastorno Oposicionista-desafiante…que no dejan de ser niños que necesitan adaptaciones curriculares porque les cuesta un poquito más, niños nerviosos que a lo mejor con dos carreras por el parque bajan el ritmo, o niños simplemente algo rebeldes... Los diagnósticos excesivos se nos van de las manos.
No hemos de echar la culpa a los docentes. Las enormes ratios, la imposibilidad de realizar un trato individualizado el tiempo deseado y necesario hacen que se vean abocados a remitir a los servicios de especialistas a aquellos que acaban saliendo de la norma. Y hemos de recordar que el aula no es un ambiente homogéneo. Ni por asomo. La escuela no origina etiquetas, pero si acaba reforzando su mantenimiento. Y es por eso por lo que los padres hemos de tener un papel activo, imprescindible para evitar que se instalen o corregirlas. Y es que muchas veces esos problemas no son tanto de aprendizaje como del proceso de enseñanza.

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Así que sí, podemos corregir el efecto del etiquetado. Un niño que “no es bueno en mates” puede llegar a serlo. Un niño que, con 5 años “escribe mal” (comparativamente hablando con el resto de su clase) puede llegar a ser un escriba maravilloso. Hay ritmos evolutivos, capacidades, que hemos de respetar y trabajar y sí, desde casa:

- No hagas comparaciones y menos aún con sus hermanos.
- Recuérdale que puede, que es capaz de hacerlo bien.
- No estés constantemente metiendo el dedo en la llaga, recordando ni recalcando lo que no hace bien o los errores.
- Pregúntale, interésate por sus cosas, crea un clima de comunicación eficaz en casa y fomenta la escucha activa. Y sin móvil por medio a ser posible.
- Empatizar. Trata de ponerse en su pellejo.
- Repite conmigo “La perfección no existe” y oye, comparte algún chismorreo de alguna metedura de pata épica.
- Tened unas expectativas altas, porque eso motiva, pero realistas.
- No los sobrecargues.
- No los critiques, ni les grites delante de otros.
- Obviamente, no insultar, descalificar, menospreciar ni herirlos verbalmente. Una cosa es decir que se han portado mal en un momento concreto y otra muy distinta es el tremendo “eres un niño muy malo”. Ni todos los niños se portan mal siempre, ni todos se portan bien siempre.

Seguro que hay más cosas que podemos hacer para que la autoestima de nuestros hijos se desarrolle con normalidad, de una forma natural y positiva.
Acepta a tu hijo, no te crees falsas expectativas, pasa tiempo con él y, no en pocas ocasiones, MUÉRDETE LA LENGUA antes de soltar la temida frasecilla de marras "eres un desastre”.

Y lo confieso, anda que no he aprendido cosas hoy yo…porque lo de la agenda está basado en hechos reales.

¿Eres de los padres que etiquetan o intentas evitarlo?

Vanesa Pérez Padilla (¿Y de verdad tienes tres?)



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10 Comentarios sobre el post

  1. Las negativas no las uso, no me gustó que las usaran conmigo. Pero las positivas si, en realidad le digo mucho que es muy bueno, pero es que en realidad lo es, y trabajador, porque se esfuerza mucho, aunque se equivoque.

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    1. Como indica Vanesa, todo en exceso es malo. Pero reforzar las buenas conductas es positivo y si tu peque es bueno ¿x qué no decirlo? A todos nos gusta escuchar cosas positivas (q se adapten a la realidad, claro). Un beso

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  2. Llevo especial cuidado con las etiquetas y me encanta leer sobre el tema, así que este post me ha encantado!

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  3. Muy interesante. El otro día le decía a mi peque "¿Puedes estar tranquilo un rato" y me respondió "No puedo, es que soy muy travieso", "¿Y quién te dice eso?, "Mi profe de la guarde". No me gustan nada las etiquetas y ya veo el efecto que tienen. Besos.

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    1. Ya ves, cala hondo. No nos damos cuenta muchas veces, porque nos salen de forma muy espontánea. Pero habrá que ir con cuidado. Un besote

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  4. No podrías haberlo descrito mejooor!!! Totalmente de acuerdo, yo las evito con mi peque y con mis alumnos!!! Se lo paso a mis colegas!!! Un besazooo!!!

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    1. Me alegra que te haya gustado el artículo. Gracias x xompartirlo! Un beso

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  5. Qué peligrosas son las etiquetas, tanto las positivas como las negativas. Me esforzaré por no utilizarlas, porque normalmente no nos damos ni cuenta

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    1. Sí, a mí me pasa igual, tengo que prestar especial atención con el mayor, la verdad, porque, como le pasa a Vanesa en el artículo, en ocasiones se despista mucho y te sale del alma lo de "qué desastre"... Ainssss

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