crianza

Cómo gestionar las rabietas

miércoles, febrero 24, 2016



Te voy a describir una escena:

La cocina, quince minutos antes de servir la comida y tu hijo se acerca para pedirte una magdalena. Le dices que no se la puedes dar porque si se la come ahora le va a quitar el apetito, y al segundo tienes un niño en el suelo, gritando, dando patadas y golpes, rojo de ira.

¿A alguien le suena?

Pues sí, estamos ante la explosión de una típica rabieta.
Y si te ha ocurrido, ¡enhorabuena!, tienes un hijo con un desarrollo emocional absolutamente normal. ¿Por qué? Porque mediante esta conducta el niño manifiesta:


  • El deseo de conseguir nuestra atención. Tiene una necesidad emocional, y, probablemente en alguna ocasión haya obtenido la atención deseada por nuestra parte de esta manera; lógicamente, la va a repetir porque ha sido exitosa.
  • Su frustración. No ha conseguido algo que desea, o tiene que realizar una acción que no quiere, no le apetece, no le agrada…
  • Su cansancio. Tiene sueño o simplemente está agotado, y eso lo lleva al límite.
  • Su enfado. Con nosotros, o con algún hermano, algo que le haya ocurrido en el colegio…



Para que lo entendamos algo mejor, te voy a mostrar unas pinceladas del desarrollo afectivo-emocional, donde podemos observar claramente cómo esas apariciones de rabietas van a estar condicionadas con las capacidades no desarrolladas de los pequeños.

A los dos años.

El niño se encuentra sumergido en lo que se conoce como Egocentrismo. Le cuesta ponerse en el lugar del otro y entender las emociones y sentimientos de los demás. Reclama atención para sí de manera constante. Es impaciente. Le cuesta guardar el turno. Su lenguaje no le acaba de permitir expresar todo lo que le sucede en su pequeño mundo.

A los dos años y medio.

Ya conoce la vergüenza y el sentimiento de culpa. Es capaz de entender cuando le damos un halago, una alabanza como algo positivo, y que cuando le regañamos es algo negativo.

A los tres años.

Ya es capaz de guardar un turno. Comienza el momento de entender las emociones más básicas (comienza). Su lenguaje ha avanzado lo que le permite poner nombre a aquello que le incomoda, le molesta, le desagrada.

Así que, tranquilízate porque, si todo va bien, se va a tratar de una etapa pasajera, evolutiva y, por otro lado, mal que nos pese, necesaria.

¿Y entonces qué hago yo para lidiar con estas rabietas?

Pues mucho. Los padres tenemos el papel responsable de la modulación de estas explosiones para conseguir extinguirlas y que en su lugar comiencen a aparecer conductas que sean adaptativas y deseadas.
Y para ello vamos a necesitar, toma nota:

- Dosis industriales de paciencia.
- Consistencia en nuestra conducta.
- Y mucho amor.

Y no, no es fácil. Hablo con conocimiento de causa.


Así que vamos a plantear una serie de estrategias, sencillas pero que requieren persistencia para manejar estos berrinches y pataletas tan presentes en nuestras vidas.

1.- No intentes razonar con el niño en medio de la rabieta. Es inútil. Se encuentra en pleno estallido del sistema límbico, con la Amígdala tomando el mando. No tiene el control y de nada sirve hablarle y mucho menos gritarle, porque obtendrás el efecto contrario, que adquiera mayor intensidad.
2.- Mantén la calma. Lo sé, lo sé. Pero es IMPRESCINDIBLE. No chilles, no grites. Si sientes que vas a perder el control respira hondo, o vete a otro sitio. No podemos enseñar a nuestro hijo a que se tranquilice si los que damos los berridos somos los padres. ¿Qué mensaje le estamos transmitiendo? Incoherente, ¿verdad? Repito, sé que no es fácil.
3.-Mantenerte en tu posición. No cedas. Llegará un momento en el que estés tan nervioso y agotado que estés a punto de tirar la toalla pero no lo hagas. Hay que ser firmes porque de lo contrario, ese “mira, toma la magdalena que no aguanto que llores ni que grites más” para esa personita se traduce en un “anda qué bien, un ratito pataleando y mamá me ha dado la magdalena. Pues a la noche voy a por la Tostarica” ¿Sí? Los límites, rutinas y las normas de casa han de estar establecidos y el niño debe conocerlos. Y sí, se pueden ir estableciendo desde bebés, o ¿acaso las horas de comida y sueño no se pautan desde el primer momento? Y en la naturaleza de tu hijo va a estar el desafiarlas, porque cognitivamente comienza a pensar como un individuo y a cuestionárselo todo. Pero las normas son necesarias para todos y para un correcto funcionamiento en familia. Eso sí, no se te ocurra comenzar a establecerlas en medio de una rabieta “venga, de ahora en adelante no vamos a comer nada un rato antes de la cena, ¿vale?” Pues mira, no.
4.-No prestarle atención y seguir con lo que fuera que estuvieses haciendo. No es tanto un “te ignoro porque sí”, sino que esa falta de atención debe ir acompañada por la explicación pertinente. “Mientras estés así lo siento pero no te voy a hacer caso. Volveré cuando te tranquilices”. Y punto. Y esto debemos repetirlo y repetirlo en breves intervalos de un minuto o dos con los más pequeños. Hasta que se calme.
5.-¿Que sigue la rabieta? Pues tenemos que decirle cómo nos sentimos nosotros, ¡por supuesto! “Cariño, me estoy empezando a enfadar con esa forma de comportarte. Por mucho que patalees no te vas a comer la magdalena. Así que ve terminando ya” “No me gusta nada lo que estás haciendo.
6.- Cuando se calme llega el momento del refuerzo positivo. Abrazarlo, darle mimos, besos…Decirle “qué bien estás así, qué tranquilo, me gusta mucho que estés así ¿ves que bien?” Esto, que parece tan obvio, se nos pasa muchas veces porque estamos tan enfadados que, cuando se calma, lo que hacemos es soltarle una regañina descomunal “y qué mal lo has hecho, qué fatal te has portado…” Así el niño no va a modificar su conducta, ¿para qué, si no ha conseguido nada bueno? Lo que hará es dejar para otro día ese intento, porque hoy ya se ha cansado. Porque las rabietas cansan, mucho, ¿A nadie se le ha dormido un niño tras una pataleta en el mismo suelo? A mí sí. Otro aspecto importante en este punto es no sacar el tema de la mega rabieta en su presencia delante de otros. No nos recreemos, porque la conducta ya se acabó. Punto y final.
7.- Ahora llega el momento de las explicaciones y los razonamientos. No antes.
8.- Es imprescindible que, si durante la rabieta tenemos alguna oportunidad, o “ventana”, o un respiro, tratemos de ponerle nombre a aquello que está sintiendo. “¿Estás enfadado conmigo porque no te doy la magdalena? ¿Te has enfadado con tu hermana porque no te deja los colores? ¿No quieres dormir porque tienes miedo?...


No estaría de más que si le estamos enseñando hábitos relacionados con la convivencia seamos un ejemplo. Vamos, que si no le dejamos tomarse la magdalena que no te vea comerte un plato de aceitunas con la cerveza, porque es la expresión máxima de incongruencia.

En los casos en los que estas rabietas se repitan muchas veces al día, cuatro, cinco veces y se prolonguen en el tiempo; si va creciendo y persisten; si no hay manera humana de conseguir que desaparezcan nunca; si el niño se hace daño o intenta inflingírselo a otros; si se generaliza a otras personas, en otros lugares…entonces será el momento de acudir a un especialista que pueda ayudaros a comprenderlas y manejarlas. Una rabieta mal gestionada en un futuro puede conllevar muchos problemas de convivencia y desarrollo emocional.

Espero haberlo expuesto de manera clara, con un lenguaje claro y tal y como me ocurre a mí. Y también espero que pueda arrojarte algo de luz.

¿Qué tal llevas las rabietas de tu pequeño e intenso ser?. ¡Hasta la próxima!


Vanesa Pérez Padilla

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16 Comentarios sobre el post

  1. Que sí que son un rollo, pero que son pasajeras. Así que ánimo a todos y valor!!!

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    1. Sí que pasan, luego llegará la adolescencia, jajajajaja

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  2. El mío de 4 años no patalea pero exige con llanto y gritos y alguna ofensa. Cuando mamá no cuela y deja de hacerle caso, se va a buscar a papá, si no entra al juego tampoco se relaja él solo tocándose el esternón y respirando y luego vuelve con intención de negociar, jajaja. La técnica se la deben haber enseñado en el colegio, pero lo que me alucina es que se autoregule él. Claro que hasta que llega a ese punto tenemos que dejarle con su berrinche y que se coma el mal rato. Cuando está tranquilo negociamos si es que se puede negociar y le damos mimos explicándole como decís que así es más facil hablar las cosas y entendernos.

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    1. Qué gracioso eso, verdad? Pero está genial que tenga algún recurso para calmarse... Aunque antes haya que aguantar un poco la "mala leche" jejejejeej

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  3. Yo creo que hemos mejorado mucho en el tema de las rabietas poniendo en práctica muchas de las cosas que cuentas. Lo que más me cuesta es aguartar el tipo y no ceder y darle esa magdalena (o lo que sea) para conseguir volver a tener paz, aunque sé que si cedo luego es peor. ¡Cuánta paciencia se necesita! Gracias por el post!!!! Besos.

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    1. Uf, mantener el tipo es lo más duro y a veces te dan ganas de tirar x la calle de enmedio y conceder el deseo del momento, verdad? Pero, como bien dices.. ¡Luego es peor!

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  4. Muy bueno... Me gustaría invitarte a una charla de Disciplina Positiva, estoy segura que te gustaría mucho. Un abrazo

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    1. Gracias, Catalina! Aunque este post es completamente de Vanesa ¿y de verdad tienes tres? seguro que ambas te aceptaríamos la invitación. Ya me comentarás. Un abrazo

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  5. Me es de mucha ayuda esta entrada. Mi hijo tiene cuatro años largos y sigue con pataletas, pero son imposibles de ignorar porque no se dedica a berrear y patalear. Él no llora, no berrea. Él te pega sistemáticamente hasta que le das lo que quiere (Nunca lo obtiene de esa manera obviamente) o rompe lo primero que pilla y si sigue sin conseguir lo que quiere entonces berrea. Ayer estuvo pegándome media hora de reloj y llamándome maldita mamá, inutil, tonta todo ese tiempo. Al final estallé y le di unos azotes. Estonces empezó la rabieta normal que todos conocemos y ya la pude gestionar como aconsejas. Me parece que tengo un enorme problema con este peque :_(

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    1. A ver qué te puede indicar Vanesa. Haces bien en mantenerte en tu puesto y no concederle lo que desea. Además, si según se comporta así tu le estás indicando que te estás enfadando también, llegará un momento en el que no se tome esas palabras a la ligera, no? Vamos, que si sigue con esa actitud exigente eso tendrá consecuencias... Qué difícil a veces... Un beso

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  6. Nosotros ya superamos esa etapa y os digo que en verdad, queda atrás! Recuerdo que sobre todo en sitios públicos y cuando estaba muy cansado las montaba. Ahora con 7 intenta negociar con lo que quiere y sino, siempre queda el recurso del disco rayado. Puedo? Puedo? Puedo? Y porque no? Anda, venga....saludos!

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    1. Es lo bueno, que todo son etapas, se van volviendo más listos al tener más recursos para negociar. El lenguaje es muy importante, pienso, para que también esas épocas de rabietas vayan quedando atrás. Un beso

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  7. Me va genial este post! Lo voy a imprimir y pegar en la nevera.. Recién estrenados los 4 y mi hijo en plena etapa de rabietas...

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    1. Nos alegramos de que pueda serte útil. Son grandes consejos! Un abrazo

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  8. Fundamental el paso de "no dialogar en medio de la rabieta". A mí me costó asimilar que no me estaba escuchando porque está bloqueado en su propio mundo de enfado.
    Muy bien gestionado el artículo, es estupendo porque es una edad muy difícil.

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    1. Me alegra que te haya gustado, es una época complicada pero ¡pasa! (X suerte!) un beso

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Y tú, ¿qué opinas? ;)