bebé

Diario de una premamá (27)

martes, octubre 14, 2014

ENANITO ROMPE BOLSAS

Tengo la sensación de que no me entero muy bien de lo que pasa a mi alrededor. Creo entender a la mujer de admisiones del Hospital la siguiente frase “Ya está el enanito pincha bolsas haciendo de las suyas”. “¿Perdón?” le digo“Nada, nada”, contesta.


Me atiende una matrona muy joven y agradable. Le explico que he pedido el traslado a este hospital pero que aún no me había dado tiempo a traerles el informe, que se lo llevo ahora en mano, aunque al final he de verbalizarle cada detalle del embarazo. Le pregunto por el bebé, si tendrá algún problema al ser prematuro o si tendrá que quedarse en la incubadora. Todo depende de cuánto pese, me dice amable, y comienza a explorarme. Me confirma la rotura de bolsa y que me quedo ingresada. Al menos la parte buena es que no me marearán, mandándome a casa para luego tener que regresar.
He llegado con el cuello de útero borrado pero aún tengo por delante 10 cm de dilatación. 

Jota se parte al verme tan entera. Hemos empezado a cronometrar mis contracciones en el coche, al menos, creo que son contracciones porque son muy leves, y le voy avisando con un chasquido de dedos. Quizá sea una de esas mujeres super guays que estornudan  y dan a luz. Sería la envidia de mi género.  Al vernos, la matrona nos dice que dejemos de contabilizar las contracciones mientras esté monotorizada. Nos envía a la que será mi habitación para que dilate y nos dice que la avisemos cuando llevemos una hora con contracciones cada tres minutos.


Exactamente 60 minutos después llamamos a la enfermera para decirle que estamos de parto ya. Se nos queda mirando con una ceja levantada y nos da por perdidos. Al rato regresa la matrona. Me indica muy amorosamente que es casi imposible que haya avanzado tanto. Aun así me explora y me dice, enseñándome dos de sus extremadamente finitos dedos, que he dilatado muy poquito.  Me aclara que lo que tengo que esperar no es una hora con contracciones leves, sino con contracciones-contracciones. No sabía yo que había tanta variedad… Pero la entiendo enseguida. 

Las contracciones-contracciones me empiezan en unos minutos y la tripa es lo que menos me duele. Me abarca los riñones y las piernas.  Es difícil describir la sensación pero se me antoja similar a recibir un golpe con una pala en los riñones seguido de una intensa sensación de quemazón que te recorre desde la espalda hasta las rodillas. Todo un lujo.

Jota me acompaña mirando el reloj durante gran parte de la noche, aunque de vez en cuando el sueño le puede.  A las ocho y media de la mañana me convence para que volvamos a llamar a la matrona, pero me da miedo.  Después de seis horas con contracciones-contracciones temo que la matrona me diga que he dilatado tan sólo tres de sus escuálidos deditos.  No quiero saber lo largo que puede ser esto.
Los Relojes Blandos. Salvador Dalí


A las nueve aparece una chica joven, guapa, morena, alta y con dedos fuertes que se presenta como mi nueva matrona. Creo que me dice su nombre, aunque no lo recuerdo. Sí que la escucho decirme que soy la quinta embarazada que llega al hospital con la bolsa rota. Que no es frecuente que haya tantas en un solo día, pero que cuando ocurre,  en el hospital comentan que hay un enanito rompiendo bolsas. Una explicación que me demuestra que anoche no me volví loca.

Tras romper el hielo me indica que va a ser ella la que traiga al mundo a mi bebé porque oficialmente estoy de parto. He dilatado cinco cm. ¡Toma ya!. Me da un subidón de adrenalina y me pregunta si me voy a poner la epidural. Dudo. Me explica que las contracciones no van a ser más dolorosas que las que he pasado por la noche y que si me pongo epidural puede retrasarse todo más. Y no quiero que esto se alargue. Estoy cansada y tengo pavor a las agujas. Me promete que me pondrá la anestesia si se la pido.
 Envalentonada con mis cinco centímetros de dilatación me levanto de la cama y me dirijo a pie al paritorio no sin antes chocar los cinco con Jota al grito de “Vamos a por nuestro bebé”.

En el paritorio me encuentro con un pelota de pilates que se convierte en mi mejor amiga. Sentada en ella sólo me duele la tripa y las piernas durante las contracciones lo que es todo un avance. Mi nueva matrona me da un zumo de piña para recuperar fuerzas y me monitoriza.  Jota no para de mirar la maquina a la que estoy unida hasta que descubre qué significa cada uno de los datos. Cuando identifica los parámetros de las contracciones se dedica a avisarme cuando me viene una y cuando empieza a remitir. Sobretodo le agradezco esta última información.

Hacemos una apuesta: Jota cree que Lentejita llegará a la una de la tarde, yo que se dejará esperar algo más. Y por una vez,  gano.

Las horas se me hacen eternas, aunque consigo dormir entre contracción y contracción. Intento cambiar de postura, subirme a la cama o andar, pero cualquier posición que me aleja de mi pelota de pilates implica que el dolor del palazo en los riñones regresa. 

Cuando está claro que Jota ha perdido la apuesta la matrona regresa y me informa de que se me ha parado la dilatación en los 8 cm pero que no me quiere poner oxitocina (para acelerar el parto) porque el dolor se incrementará…  ¡Venga ya hombre!, ¿dónde ha quedado eso de que los dolores no iban a ir a más? ¿cómo que esto iba a ser rápido? Me siento engañada, pero sobretodo cansada. Pienso que después de todo quizá me tengan que hacer una cesárea, y que por hacerme la “natural” habré sufrido la dilatación, la epidural y una operación… todo en uno… Jota se da cuenta de que empiezo a agobiarme y a decaer. Me dice que no me puedo rendir ahora. Me acompaña al baño y allí empiezo a llorar, le digo que no puedo más, que estoy cansada. 

Al oírme sollozar tengo rápidamente en el baño, en plan comuna hippie, a la matrona y a dos enfermeras. Me preguntan que si tengo ganas de empujar, pero yo ya no sé lo que me apetece o me deja de apetecer. Y me dan a elegir una postura para parir. Descarto tumbarme en la cama. Dudo que el dolor de riñones me permita empujar, de pie estoy segura de que me caeré porque me tiemblan las rodillas. La matrona me anima a ponerme a cuatro patas sobre la cama. Jose me da la mano derecha mientras que una enfermera me sostiene la izquierda.

Me ponen oxitocina y las contracciones empiezan a ser más frecuentes e intensas. Me dicen que cuando crea conveniente, que empiece a empujar.  Y lo noto, sé cuándo tengo que empezar a hacer fuerza y lo hago con todas mis ganas, incluso grito. Me doy cuenta de que pese a que han sido tres las mujeres que han parido antes que yo en salas anexas, sólo he escuchado los gritos de ánimo de la matrona. O son mujeres de hierro, o saben controlar el dolor o todas se han puesto la epidural. Mierda, lo que pagaría ahora porque me la pusieran. Pienso que hay otra parturienta esperando a que yo acabe para que la matrona le vaya a atender… Tiene que estar acojonada al escucharme. Si fuera yo, ya estaría recogiendo mi maleta y yéndome del hospital.

Pero ahí estoy a cuatro patas cogida por las dos manos y mordiendo la almohada. Me doy cuenta de que gritar es mala idea, pierdo fuerza por la boca. Entre contracción y contracción, escucho decir a la enfermera de mi izquierda que tengo bastante fuerza y que es bueno que no conteste a sus preguntas  porque eso significa que me sé relajar cuando no tengo dolor. “No es relajación señora”, pienso, “tan solo es que no tengo aliento para contestarle"

Tras varios empujones empiezo a desfallecer. No sé qué hago ahí, ni cuál es el objetivo de esta situación. Pienso que si me muero en ese instante sería feliz, y me siento incapaz de continuar. La matrona me dice que queda poco, que se le ve la coronilla. Jota me promete que lo estoy haciendo genial. Recupero fuerzas sólo para decirle que lo siento, que no puedo hacerlo. Que me perdone. Entre él y la matrona me impiden caer en la cama y vuelvo a empujar.

En ese instante noto que Jota me acerca algo al pecho. Está húmedo y caliente. Abro los ojos y veo un bebé cubierto de una sustancia blanquecina. Le escucho llorar aunque se ve que lleva un rato haciéndolo. Vuelvo a la realidad y miro a Jota. Es nuestro hijo, nuestra pequeña Lentejita a la que no sé ni coger. Entre todos me ayudan a girarme y a tumbarme en la cama que está empapada en sangre y vete a saber tú qué. Lentejita está pegado a mi pecho. Aunque me lo quitan unos segundos para explorarle y pesarle.  Pesa 2,8 kg. No necesita incubadora.


Al recibirlo nuevamente en mis brazos parece tranquilizarse. “Todo ha terminado”, le digo, “ ya estás con mamá, mi vida.”


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24 Comentarios sobre el post

  1. Eres genial cari!! No solo eres una super woman, si no que ahora también una MADRAZA!!

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    1. Y el hecho de que me quieras tanto y que seas un amor no tiene nada que ver ¿no? Lentejita tiene mucha suerte de tener una tata como tú. Un beso enooooorme

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  2. Anónimo10/14/2014

    Y después de leer la realidad de tu parto, gracias por habermelo suavizado (aunque que al final tuviera una caca de parto!)

    Ana

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    1. Jajaja. La verdad es que no me acuerdo muy bien qué es lo que te conté, aunque he de decir que al resto de amigas premamás que tengo he preferido no entrar en detalles directamente. Aunque ya sabes, cada parto es un mundo y cada una vivimos la experiencia de una manera distinta. Eso sí, cada vez que alguna me decís que vuestros peques han superado la barrera de los tres kilitos, me dan ganas de poneros un monumento. Gracias Ana por estar ahí, tanto siguiendo el Diario, como atendiéndome a través del Whatssap durante esta experiencia. Eres un amor de matrona online y de amiga. Un besazo

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    2. Anónimo10/15/2014

      jajajaja, cualquiera que lea lo de matrona..... proyecto como mucho, y con la gorda imposible estudiar. Gracias a ti, guapa! ya queda menos para conocer a lentejita en persona!

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  3. Me encantó tu post, sobre todo que ya se va acercando cada vez más el día y da curiosidad por saber como será...

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    1. Aisss, si estás esperando un bebé, sólo darte la enhorabuena. Cada parto es un mundo, y lo importante es saber que tiene su recompensa. Mi madre dice que los dolores se le pasaron en cuanto nos tuvo en brazos, y aunque cada nacimiento es único y cada una lo vivimos de forma distinta, yo también te aseguro que desde que te lo ponen en tus brazos sabes que todo merece la pena. Jota lo califica como una "de las experiencias más intensas de su vida". Disfruta guapa de tu nueva etapa.

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  4. Se parece mucho a lo mío , solo que el mío fue provocado con oxitocina ni más ni menos que 12 horas!!!!. Menos mal que todo compensa

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    1. Cierto, todo merece la pena, aunque la próxima vez creo que probaré la epidural jejeje. Menuda campeona, con oxitocina 12 horas. Pufff. ¡Eso sí que es intenso! Gracias por leernos

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    2. Anónimo10/15/2014

      la oxitocina es mal. epidural es bien ;P

      Ana

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    3. Sí, creo que tengo que probar esa anestesia sí.. jejejee

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  5. Por favor que parto más precioso!! Mira que me gusta a mi una buena historia de parto pero es que me has hecho llorar y todo!! Enhorabuena por lentejita y por esa fuerza que has demostrado en el parto!! Un beso

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    1. Bonito, bonito no sé si fue, pero seguro que sí que mereció la pena. Una experiencia intensísima que contar a Lentejita cuando sea mayor. Muchas gracias por leernos y por comentar. Un besazo

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  6. Joooooo ya me hubiera gustado eso a mi .... Disfruta de la enana.. Y descansa...

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    1. ¿El tuyo fue cesárea? En verdad creo que ninguna tenemos el parto que queremos o al menos, en mi caso, que creemos que vamos a tener (yo por ejemplo estaba segura de que Lentejita se retrasaría pero ná, se adelantó un mes y no me había planteado muchas cosas la verdad). Lo importante es que todo salga bien (si es posible con pocos puntos, ya que nos ponemos a pedir jejeje). Y sobretodo, que nuestro peque esté sano. Ahora Crochet y demos, nos toca disfrutar de los peques, que los hemos estado esperando muuucho tiempo!. Un besazo

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  7. Lo que lloro yo con las historias de parto, vaya momentazo!!! Tuviste mucha mucha fuerza y me alegro de que Lentejita no necesitase incubadora. Oye, ¿que tendrá la maquinita esa que tanto les llama la atención a los hombres? Papidire se pasó el rato igual, mirando a ver si descifraba como iba el chisme. Un abrazo!

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    1. Son hombres, no les des más vueltas jejeje. Veo que para el próximo Lentejita se une al padre y con un destornillador protagonizan un bricomanía en mitad del paritorio jejejej. Muchas gracias por leernos y por comentar. Un abrazo!

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  8. Ay qué tierno!! yo tuve a mi niño pequeño hace 5 meses y en parte también me sentí engañada... llevaba desde las 9:00 de la mañana en el hospital con contracciones "mas o menos aguantables" en la habitación esperando que el parto fuera "más dinámico" y sin epidural pq así lo decidí. Así que a las 13.00, cuando aumentaron un poco las contracciones me llevaron a paritorio, diciéndome que estaba a punto y dilatada de 8... ahí ya me puse a llorar de la emoción pero PASARON TODAVIA 2 HORAS!! con contracciones imposibles donde no sabía dónde meterme!!! jajajajaja... ahora lo pienso y me rio pero en ese momento veía a "la rubia" que me dijo que me faltaba nada y me acordaba de toda su familia (por decirlo finamente).
    Está claro que en esos momentos sacamos fuerzas de donde no las hay y nos vale para conocernos más a nosotras mismas, verdad?
    Besos y enhorabuena!

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    1. Jo, muchas gracias por compartir con nosotras tu parto. A nosotras también nos encanta saber estas historias. De verdad, las mujeres en general somos unas campeonas jejeje. Qué momentos tan intensos ¿verdad?. Un besazo y gracias por comentar!!!

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  9. Jolin estoy en la calle esperando a q salgan mis hijos de una extraescolar y estoy llorando como una magdalena. Ay por dios. Que parto más bonito
    Un beso enorne

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    1. jajjaa, pues no llores que tus peques se van a pensar que te pasa algo! aunque en el fondo nos gusta que os emocionéis con nosotras para qué mentir jejeje. Muuuchas gracias por leernos, y sobretodo por comentar! Un beso grande

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  10. Aisssss qué me he emocionado y todo al leer el relato de tu parto nena!!! (y eso que más o menos me lo sabía jaja) qué bonito cuando después del esfuerzo llega la recompensa!!!! madreeeee!!! Y sobretodo me ha encantado los respetuoso que fue con tus decisiones en todo momento el personal del hospital, ya querría yo en Madrid que me consultaran todo lo que a ti te consultaron, que no te enchufaran la oxitocina a la primera, que no te animaran a ponerte la epidural, que te permitieran elegir postura y sobretodo que el expulsivo lo controlaras tú sin una matrona pesada que te dice cuándo empujar o te regaña porque eres una gritona...en serio una gran suerte y gran decisión que eligieras ese hospital!!!! Un besito amoreee

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    1. Sí, la verdad es que tuve mucha suerte con el Hospital y el personal que se portó genial conmigo. Desde la primera matrona hasta la última enfermera me trataron genial. Sí que es cierto que me respetaron mucho aunque yo iba sin tener las ideas muy claras la verdad. Desde aquí un aplauso para el personal del Hospital de San Agustín (Avilés) jejjee. Ya verás May como tu peque llega también así, con un parto precioso y respetado. Todo va a salir requetebien ya verás. Y luego, ¡me lo cuentas! jejeje. Un besazo enorme rubia

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  11. jajaja eso eso ya te contaré!!! Muuuaaak

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Y tú, ¿qué opinas? ;)